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A veces nos sentimos débiles, aunque estemos bien alimentados. A veces, nos duele todo, especialmente si acabamos de pasar una enfermedad. El motivo suele ser que nuestros músculos están deshidratados y faltos de minerales.
El agotamiento psicofísico es bastante frecuente en personas sedentarias, con cierta monotonía en su trabajo. A menudo, lo que nos falta es, simplemente, agua y minerales.

Las personas que acuden al gimnasio para estar en forma y las que están en período de rehabilitación fisioterapéutica, tienen un punto en común: sus músculos necesitan una rehidratación completa y equilibrada.

El agua constituye el 40 al 70 % de la masa corporal total, dependiendo de la edad, sexo y composición corporal. Constituye el 65-75 % de la masa muscular y solo un 10 % de la masa grasa. El 62 % se encuentra en el interior de las células y el 38 % es extracelular (plasma, linfa y otros líquidos).

El agua participa en las reacciones celulares, como medio de reacción, reactivo o producto. Además, participa en el transporte de nutrientes, gases y productos de deshecho metabólico. El agua posee propiedades térmicas: durante el ejercicio, a pesar de que la contracción muscular genera mucho calor, la temperatura corporal aumenta poco. La alta conductividad térmica del agua facilita un rápido transporte de calor hacia la piel logrando enfriar rápidamente el cuerpo, evaporando el sudor, eliminando vapor con el aire espirado, o directamente por la piel a través de la perspiración insensible.