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El éxito en el rendimiento deportivo depende no sólo del entrenamiento sino también del acierto en el diseño de una dieta que permita al deportista desarrollar una determinada práctica deportiva, adquirir resistencia física y mantener un buen estado nutritivo.

En general, los deportistas suelen preocuparse seriamente sobre los hábitos alimentícios y el tipo de nutrición más adecuados para obtener el máximo rendimiento en la práctica deportiva, olvidando muchas veces que la correcta hidratación antes, durante y después del ejercicio físico es tan o más importante que la propia alimentación.

La falta de hidratación o incluso la deshidratación, que se produce cuando perdemos grandes cantidades de agua a través del sudor, provoca alteraciones de muy diversa índole. La deshidratación disminuye el rendimiento deportivo, aumenta la sensación de fatiga, produce desconcentración y malestar, y supone un grave riesgo cardiovascular en las personas que descuiden este aspecto tan importante de la alimentación deportiva.

Las recomendaciones dietéticas dirigidas a los atletas no difieren esencialmente de las pautas generales recomendadas para seguir una alimentación equilibrada. Se recomienda que en su dieta un 60-70% de las kilocalorías provengan de los hidratos de carbono, lo que supone unos 500 o 600 g de hidratos de carbono al día. Sin embargo, en el caso de las mujeres esta cifra no es adecuada porque reduciría la cantidad de kilocalorías provenientes de proteínas y grasas. Un mejor método sería asegurar la ingestión adecuada de proteínas a razón de 1.5 g por kilogramo de peso corporal, limitar las grasas a un 25% de la dieta, y obtener el resto de kilocalorías a partir de los hidratos de carbono.

Un atleta tiene mayores necesidades energéticas que una persona sedentaria. Si bien las necesidades energéticas de un adulto sedentario están entre las 2000 y 2800 kilocalorías por día, esta necesidad puede aumentar en 500-800 kilocalorías por hora de ejercicio en un atleta, dependiendo del tipo de actividad, de la intensidad, de la duración y del estado físico del atleta.

Incrementar esta ingesta calórica a través de la ingesta de los alimentos usuales de la dieta, puede suponer un problema para los atletas que participan en competiciones, porque los procesos de digestión y absorción se verían afectados durante las sesiones de ejercicio. Es por ello que se diseñan alimentos (snacks energéticos) y bebidas que contienen minerales y/o fuentes de energía que ayuden a satisfacer las necesidades específicas de un atleta y que sean de rápida absorción.

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