Disfrutar de una vida sana pasa necesariamente por hacer ejercicio físico y seguir una alimentación equilibrada.
El ejercicio físico es una buena manera de aumentar la calidad de vida y la sensación de bienestar físico y psíquico. Si nuestra dieta es equilibrada, nuestro cuerpo podrá disponer de todos los nutrientes necesarios no sólo para el mantenimiento de las funciones básicas corporales, sino para llevar a cabo y resistir toda la actividad diaria a que estamos sometidos.
Una dieta es equilibrada no sólo cuando consigue combinar todos los grupos de nutrientes (hidratos de carbono, proteínas, lípidos, vitaminas y minerales) sino cuando además lo hace en proporciones adecuadas.
Si bien podemos conseguir todos los grupos de nutrientes a través de una dieta correctamente pensada y planificada, en determinadas épocas de sobreesfuerzo y estrés, consumimos más energía y nutrientes sin que aumentemos su aporte a través de la dieta. Es entonces cuando se puede hacer necesario y adecuado recurrir a un aporte específico de cierto grupo de nutrientes, con el fin de combatir el agotamiento o el cansancio.
Los minerales son un grupo de nutrientes indispensables para el correcto funcionamiento del cuerpo humano, y es sin embargo un grupo de nutrientes frecuentemente olvidado en la literatura que hace referencia a la nutrición y la dietética. Minerales como el calcio, el sodio, el potasio y el magnesio, intervienen de forma importante en los procesos de contracción y relajación muscular, en la transmisión de los impulsos nerviosos y musculares, en la correcta formación y mantenimiento del sistema músculo-esquelético, etc.
A través de una alimentación variada y equilibrada es fácil que consigamos niveles óptimos de todos los minerales que el organismo necesita, pero determinadas situaciones pueden conducir a deficiencias de alguno de ellos. Esto sucede en épocas en que incrementamos el consumo de nutrientes, tales como épocas de estrés y sobreesfuerzo físico o psíquico, o épocas en que disminuimos la ingesta de nutrientes: mala alimentación, regímenes dietéticos calóricamente restrictivos, enfermedades, etc.
La falta de minerales, ya sea de uno o de varios, dará lugar a la aparición de un conjunto de síntomas inespecíficos pero importantes, tales como fatiga, apatía, malestar, debilidad y falta de concentración, que variarán en función de los minerales que nos falten y su grado de deficiencia.