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La realización de tareas repetitivas, la falta de incentivos en nuestro entorno laboral y familiar, la rutina, nos crean estrés, nos agotan, y muchas veces lo notamos en las personas de nuestro entorno o en nosotros mismos a través de cambios de humor, falta de concentración, pérdida de apetito, fatiga, etc.
Es frecuente que las épocas de estrés coincidan con momentos en que prestamos mínima atención a nuestras necesidades nutricionales, siendo este desinterés un grave error, porque nuestro cuerpo incrementa sus necesidades de nutrientes debido al mayor desgaste que nos supone el estrés.

Es importante incluir en nuestra dieta suficientes hidratos de carbono, que son los que nos proporcionarán energía para enfrentarnos a nuestras labores diarias, y prestar atención a nuestra ingesta de vitaminas y Minerales, que regulan en diversos niveles, numerosos procesos metabólicos implicados en la obtención de energía y el correcto mantenimiento y funcionamiento de nuestro organismo.

Los Minerales, en nuestro organismo, participan en multitud de reacciones implicadas en muy diversos procesos: procesos de obtención de energía, de síntesis de compuestos indispensables para la vida, transmisión de impulsos a nivel nervioso y muscular (la manera en que nuestro cuerpo se comunica a nivel interno). Es decir, los Minerales, en nuestro cuerpo, controlan y regulan.

Además, los Minerales son parte de nuestra estructura corporal: están en los huesos, en los músculos, en los dientes, en la sangre... Es tan variada y compleja su naturaleza y sus funciones, que su deficiencia origina muy diversos síntomas que a demás suelen ser inespecíficos y por tanto difíciles de detectar.

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