La energía favorita de nuestros músculos son los hidratos de carbono, más conocidos popularmente como azúcares.
Los músculos obtienen este azúcar de la sangre o de sus propias reservas en forma de glucógeno. Los azúcares más conocidos comúnmente son la glucosa y la fructosa, que son azúcares sencillos. Cuando la glucosa se une a otros azúcares simples forma los polisacáridos, de los cuales el más conocido sea quizás el almidón.
Mención aparte merece la fibra. La fibra está compuesta por material hidrocarbonado también, pero no es digerible en nuestro organismo, lo cual le confiere una serie de propiedades beneficiosas, sobretodo regulando la fisiología intestinal.
Todos ellos, los carbohidratos, tienen una importancia primordial suministrando energía a nuestro cuerpo, estimándose que una dieta correcta debería contener entre un 50-60 % de carbohidratos. Para hacernos una idea de los tipos de alimentos que deberíamos tomar para ingerir carbohidratos, conviene conocer las principales fuentes de hidratos de carbono: las pastas alimenticias, los cereales, las legumbres, los dulces, la leche (por su contenido en lactosa) y las frutas y verduras.
El correcto funcionamiento del músculo también exige la presencia de Minerales. En el músculo, el calcio, el sodio, el magnesio y el potasio están implicados, conjuntamente y por separado, en diferentes procesos que permiten al músculo mantenerse en forma y responder a nuestras necesidades.
El calcio tiene un papel fundamental en la fisiología de la contracción y el mantenimiento del tono muscular, el magnesio participa en la transmisión de los impulsos a los distintos músculos del cuerpo y en la regulación de la fuerza desarrollada durante la contracción muscular entre multitud de otras funciones, mientras que el sodio y el potasio intervienen en la transmisión de los impulsos en el tejido muscular.