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En el mundo del deporte está extendida la idea de que la suplementación dietética y/o farmacológica con minerales puede mejorar la capacidad física o, por lo menos, mantener su nivel, a la vez que favorecería la resistencia muscular. Este interés se basa en varios hechos:

  • Se piensa que los atletas tienen unos requerimientos minerales superiores a los de la población sedentaria, para la cual se han establecido las necesidades minerales dietéticas.
  • La población deportista consume dietas con una cantidad inadecuada de oligoelementos.
  • La excreción de éstos durante el ejercicio es mucho mayor que en reposo.
  • Su utilización en los procesos fisiológicos es cada vez mayor.

Por eso hay que tener en cuenta a los oligoelementos ya que una situación de déficit marginal implicaría un efecto directo sobre la capacidad y resistencia físicas y, en casos extremos, conduciría a la aparición de estados patológicos en los que se encontraría implicada la fatiga muscular.
Por ello, el conocimiento del papel que desempeñan los minerales en la función y estructura del organismo es fundamental para la comprensión de la manera en que éstos participan en los procesos biológicos y su relación con la salud y la enfermedad.
Desde un punto de vista funcional, la importancia de determinadas sales minerales durante el ejercicio es debida fundamentalmente a que los electrolitos que proporcionan, intervienen en la transmisión de los impulsos nerviosos en el músculo y, por consiguiente, en la contractilidad muscular.

En efecto, los minerales que intervienen en la función muscular son iones positivos: el sodio (Na+), el potasio (K+), el calcio (Ca++) y el magnesio (Mg++). El K es uno de los iones responsables de la excitabilidad nerviosa y muscular junto con el Na, el Ca y el Mg. Se sabe que las concentraciones extracelulares de Mg son críticas para el mantenimiento de los potenciales eléctricos de las membranas nerviosas y musculares y para la transmisión de los impulsos a través de las uniones mioneurales (nervio-músculo). La fatiga muscular y otros síntomas tempranos de deficiencia de magnesio están relacionados con bajas concentraciones de Mg muscular, no detectables a nivel sérico (suero sanguíneo). El Ca es imprescindible durante el ejercicio, pues interviene en el proceso excitación-contracción del músculo esquelético. Por último, el Na contribuye decisivamente a mantener el volumen del líquido extracelular, y estimula la absorción de carbohidratos y agua a nivel intestinal necesarios para reponer el depósito de glucógeno muscular.

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